PALABRAS DE LA RECTORA
El 1 de diciembre del 2025 iniciamos un nuevo ciclo de gestión, luego de un proceso electoral que movilizó la participación masiva del mundo universitario que se acerco a las urnas para reivindicar una vez más, el valor de la democracia como expresión de la voluntad colectiva. Una vez más frente a otras opciones, se ratificó por amplia mayoría una propuesta que se expuso en un programa de gobierno. El cambio en la continuidad. A 50 años del fatídico marzo de 1976, este no es un dato menor y el lema institucional de este año da cuenta de ello; “A 50 años del Golpe, Democracia Siempre”.
Esta Asamblea Universitaria, reafirma la importancia de sostener instituciones sólidas, capaces de proyectarse en el tiempo, fortalecer lo público y ampliar oportunidades. En esa dirección, constituye una herramienta para seguir construyendo una universidad comprometida con su comunidad y con los desafíos del desarrollo.
Ante este nuevo ciclo de gestión como comunidad, nos enfrentamos a grandes desafíos, el primero e ineludible tiene que ver con sostener el funcionamiento de la institución con las crecientes restricciones presupuestarias que enfrentamos. Frente a esta nueva crisis del sistema, la comunidad universitaria desde todos sus cuerpos, unidades de pertenencia, preferencias políticas, demostró en el discurso y en la práctica concreta la indispensable fortaleza de la unidad, más allá de toda diferencia. Así lo entendió el resto de la sociedad argentina que acompañó en las calles las demandas universitarias.
Ese fue un gran logro del conjunto. Una gran enseñanza y capital político que no podemos dejar de lado. Hay tiempos y tiempos y eso bien lo saben quienes tienen responsabilidades institucionales en cada una de las unidades académicas, los sectores, el colegio preuniversitario y la propia gestión de rectorado. Sin resignar nuestra procedencia, debemos tener la responsabilidad de fortalecer la casa común. Quienes jueguen a especulaciones menores le restan volumen al objetivo mayor: El derecho humano fundamental a la educación superior. Ello implica, presupuesto, salarios dignos, becas, funcionamiento, pero también el nivel de compromiso hacia quienes nos sostienen.
Como es de público conocimiento, la situación que atravesamos las Universidades Públicas y las instituciones científicas es muy compleja por las diferentes acciones de desmantelamiento que se promueve desde el Gobierno Nacional. La implementación de la Ley de Financiamiento Universitario es urgente, para poder sostener y garantizar el derecho de acceso a la educación superior y las condiciones laborales que lo hacen posible.
Desde su presentación por parte del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la Ley de Financiamiento Universitario fue el resultado de un trabajo conjunto de elaboración técnica, construcción de consensos y gestiones ante el Poder Legislativo para impulsar su tratamiento. Tras su ingreso al Congreso, la iniciativa fue aprobada con apoyo de las dos cámaras, tanto inicialmente como cuando el Poder Ejecutivo rechazó la Ley. Frente a esta situación, el CIN impulsó una acción colectiva de amparo, acompañada por la mayoría de las universidades públicas, que se está debatiendo en la justicia, con pasos positivos para las Universidades pero aún sin aplicación definitiva. En este proceso, el CIN tuvo un rol central, llevando adelante acciones institucionales, articulando con la comunidad universitaria y promoviendo instancias de visibilización del conflicto. Desde el inicio de este año, tenemos en ese órgano la responsabilidad de presidir la Comisión de Asuntos Económicos desde donde seguiremos trabajando para conseguir y mejorar las condiciones para el funcionamiento universitario.
No obstante, y aun en este contexto, hemos aprobado una Ordenanza de Consejo Superior que distribuye el presupuesto local, haciendo enormes esfuerzos para sostener políticas de bienestar estudiantil que protejan a nuestros estudiantes, y contribuyan a dar posibilidades para estudiar. Asumimos con coraje y coherencia esta responsabilidad. Quienes administran bien saben que estas herramientas resultan indispensables para el funcionamiento, para respuestas concretas y no discursivas a las múltiples demandas. Así como las convocatorias de proyectos, tanto de investigación como extensión, y las becas formativas que consolidan una política participativa en estas áreas. Aún en complejas condiciones salariales, sostenemos el compromiso con la enseñanza, la investigación y la extensión porque entendemos la educación pública como motor transformador de la sociedad. En este plan de gestión, verán reflejadas propuestas de trabajo concretas para apoyar las trayectorias formativas y laborales de nuestra comunidad.
Tenemos también el desafío de ser el hogar de las juventudes, y esto requiere animarse a imaginar propuestas novedosas que sigan convocando a forjar un futuro mejor. Que se conecten con el empleo y con el desarrollo de las vocaciones del presente, pero también nos permitan diseñar nuevos escenarios en un contexto de incertidumbre global creciente. Implica también, el enorme desafío de fortalecer las políticas de permanencia y abordar el complejo y multidimensional problema de la deserción, en el marco de las restricciones presupuestarias descriptas. Para ello hace falta buscar sinergia en los esfuerzos institucionales, integrando las acciones del Rectorado con las Unidades Académicas, con quienes proponemos trabajar de manera articulada para la implementación del Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios, la consolidación de las modalidades presenciales y a distancia. También proponemos incorporar trayectos formativos flexibles, certificaciones intermedias y microcredenciales orientadas a competencias laborales.
Es un componente central de nuestra labor cuidar a las personas que integramos esta comunidad, y acompañar sus trayectorias -estudiantiles, docentes, nodocentes, como graduados/as- mejorando el funcionamiento de los programas y dispositivos existentes, y diseñando otros, como el área de salud ocupacional, la plataforma de empleo o un sistema integral de acompañamiento a estudiantes. También implica cuidar sus edificios, mantenerlos para la mejor convivencia y su mejor aprovechamiento, sabiendo que no es sencillo ni económico, pero requiere un esfuerzo común.
Entendemos a la Universidad como protagonista del desarrollo, con capacidad de aportar al crecimiento económico, la generación de empleo y el fortalecimiento de la competitividad regional. En ese sentido, asumimos el compromiso de articular con diversos actores del territorio, lo que implica profundizar los espacios de vinculación ya existentes, promoviendo redes de trabajo que integren las funciones sustantivas de la institución con las necesidades concretas de la sociedad. De este modo, llevaremos adelante iniciativas que apunten a constituir un modelo de universidad comprometida con su comunidad, transformando el conocimiento en herramientas y oportunidades para el desarrollo en la región.
Una marca distintiva de nuestra gestión está vinculada al buen gobierno. Nuestro estatuto define claramente un esquema de gobierno descentralizado, democrático y participativo. Pero en estos tiempos, en que la gestión pública está en debate, hace falta redoblar los esfuerzos. Por ello, trabajaremos para profundizar el enfoque de gobierno abierto, mejorando la agilidad de los procesos, la disponibilidad de información y la calidad de la comunicación, con el objetivo de fortalecer el valor público que brindamos a la comunidad del sudeste bonaerense.
El plan de gestión que presentamos, que fuera ratificado con creces en las urnas como programa de gobierno, es el resultado de un proceso de trabajo transversal que propone una labor articulada de las distintas áreas de gestión, en línea con los desafíos que actualmente atraviesa el sistema universitario público y los objetivos consensuados en nuestro plan de desarrollo institucional con horizonte 2030. Esto incluye a todos y a todas desde el ámbito y la preferencia en la que se encuentre. Continuamos con un convencimiento que la democracia es articular, debatir, consensuar. El mandato ha sido claro de no levantar paredes ni muros sino de tender puentes. Este imperativo traducido en un diagnóstico que lo sustenta da cuenta de una institución dinámica, con capacidades consolidadas en áreas estratégicas como las políticas de género y derechos humanos, los procesos de autoevaluación participativa y la vinculación con el entramado social y productivo.
Ponemos a consideración las líneas de trabajo que orientarán nuestra acción en los próximos cuatro años, como materialización de un proyecto institucional construido de forma colectiva. Reafirmamos el valor de la universidad y renovamos la invitación a seguir fortaleciéndola desde cada ámbito de responsabilidad, con la convicción de sostener sus funciones y su capacidad de contribuir a la transformación social.
Mónica Mabel Biassone
Rectora